Los Maderos de San Juan: El arte de tallar la identidad venezolana en San Diego de los Altos

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El aroma a madera fresca y el sonido rítmico de la lija reciben a quienes llegan al parador turístico Tipitiripe. Allí, entre la neblina persistente de la montaña de San Diego de los Altos, en la parroquia Cecilio Acosta, se encuentra un hombre cuyas manos son el archivo viviente de cuatro generaciones de sabiduría; Víctor Roa.

Nacido en La Pastora y heredero de una estirpe de ebanistas, Víctor no sólo fabrica muebles; custodia una tradición. Su taller, bautizado con el nombre familiar de «Los Maderos de San Juan», es hoy un punto de referencia para el turismo cultural en el municipio Guaicaipuro, un espacio donde la madera deja de ser materia prima para convertirse en historia.

La herencia de la cuarta generación

«Vengo de una familia de puros ebanistas. Soy la cuarta generación consecutiva», relata Víctor con un orgullo que se siente en la firmeza de su voz. Su trayectoria no es pequeña: desde formar a jóvenes que hoy llevan el oficio por el mundo, hasta colaborar con figuras de la talla del arquitecto Fruto Vivas.

Junto al maestro Vivas, Víctor trabajó en proyectos emblemáticos como la casa del artista Jesús Soto en Aragua, y ha dejado su huella en el patrimonio local restaurando los portones de la Catedral de Los Teques y la iglesia del Liceo San José. Sin embargo, su mayor hallazgo fue descubrir que Venezuela sí tiene un mueble auténticamente criollo.

El mueble criollo: Un secreto revelado por Fruto Vivas

Sentado en una silla de madera de Guatacaro y tejido de Enea, Víctor explica el origen de su línea de diseño: «Yo tenía la falsa creencia de que no teníamos un mueble criollo auténtico, pero sí lo hay». Es el mueble que usaban los peones en las haciendas coloniales, aquellos que no tenían acceso a los lujos españoles o ingleses.

«Es el banquito emblemático que sale en el cuadro de Miranda en La Carraca», señala. Partiendo de esa investigación con Fruto Vivas, Víctor ha dedicado su vida a fabricar mecedoras, comedores y juguetes que rescatan la estética de nuestra identidad más profunda.

Ciencia milenaria y respeto por la tierra

Para el maestro Roa, la carpintería es una ciencia que exige respeto por los ciclos de la naturaleza. Habla con pasión sobre el corte de la madera en «cuarto menguante», una técnica milenaria que garantiza que los muebles duren siglos, como los baúles hallados en las cámaras mortuorias del antiguo Egipto.

«Todo artesano tiene que fabricar un producto que sea para siempre, porque si no sería una estafa», afirma. Su compromiso con la calidad es tal, que prefiere educar a los visitantes sobre las propiedades del pino del bosque de Uverito antes que simplemente realizar una venta.

San Diego de los Altos: Un museo vivo para el turismo

Desde la alcaldía de Guaicaipuro, este trabajo de visibilización busca rescatar los valores y tradiciones de la región. El objetivo es claro: impulsar el turismo cultural en la zona de San Diego, transformando la visita al parador Tipitiripe en una experiencia pedagógica y sensorial.

El taller de Víctor funciona casi como un museo. «Aquí la gente viene y pasa el rato. Muchos no compran nada en el momento, pero hablan con uno, ven los muebles y luego regresan o nos recomiendan», comenta Víctor mientras invita a los turistas de Caracas, San Antonio y los Valles del Tuy a disfrutar no sólo de su arte, sino de la gastronomía de la zona, los quesos frescos, el cochino frito de la parroquia y el clima privilegiado de Cecilio Acosta.

Víctor Roa, el ebanista de La Pastora que echó raíces en Guaicaipuro, sigue allí, entre virutas y herramientas, demostrando que mientras existan hombres como él, la identidad venezolana seguirá siendo tallada con la misma fuerza y durabilidad que el mejor de sus maderos.

Por: Ronald Aponte (Prensa Guaicaipuro)

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