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En las plazas y plataformas digitales de los principales centros urbanos, a nivel mundial, una nueva tendencia ha captado la atención de la opinión pública: jóvenes que se identifican como animales, recreando sus movimientos y comportamientos con una convicción que trasciende el simple juego.
Este movimiento, conocido como Therian o teriantropía, ha dejado de ser un nicho en internet para convertirse en un tema de análisis prioritario para la salud pública en el municipio Guaicaipuro.
A través de la Oficina Municipal Antidrogas (OMA) y los Centros de Orientación Familiar (COF), se ha iniciado un proceso de observación clínica para comprender qué hay detrás de esta búsqueda de identidad no humana.
El psicólogo Carlos Solano, director de la OMA y especialista en salud mental, explica que, a diferencia del cosplay o los grupos furries, donde existe una conciencia de interpretación de un personaje por diversión, el movimiento Therian se asume como una identidad interna profunda. Para muchos, es una conexión psicológica o espiritual con una especie no humana.
Como profesionales, no podemos simplemente mirar hacia otro lado o quedarnos en la burla; debemos entender si esta conducta es una expresión sana y pasajera o un mecanismo de defensa ante una crisis emocional no resuelta, señala Solano.
La huida del yo en la era de la incertidumbre
Desde una perspectiva sociológica y clínica, este auge de identidades donde los sujetos se autoperciben como lobos, felinos o caninos, revela una fractura en el proceso de formación de la personalidad moderna. Para los especialistas de la municipalidad, ser humano en una sociedad hipercompleja conlleva una carga de responsabilidad que algunos jóvenes encuentran insoportable.
Al respecto, el director de la OMA afirma que esta tendencia refleja una tensión entre nuestros impulsos naturales y las exigencias de la civilización. Al identificarse como animales, algunos sujetos ejecutan una renuncia al orden de lo humano, buscando refugio en lo imaginario para evitar el doloroso esfuerzo de construir una identidad madura.
Este fenómeno es interpretado como un síntoma de una sociedad agotada que, en ocasiones, pierde la capacidad de ofrecer un horizonte de humanidad que valga la pena ser vivido. La proliferación de estas identidades no humanas funciona, según el análisis de la OMA, como una fantasía que distrae de la verdadera alienación social, llenando vacíos internos con etiquetas que pueden ser consumidas en el entorno digital.
La frontera con la patología: Zoantropía Clínica
Sin embargo, la evaluación psicológica de Solano advierte sobre un límite peligroso donde la identidad se convierte en trastorno. Existe una diferencia radical entre la subcultura Therian y la zoantropía clínica. Esta última es una patología psiquiátrica de extrema gravedad donde el individuo pierde totalmente la conexión con su realidad humana. No es metáfora, es delirio.
El paciente desarrolla la convicción absoluta de haberse transformado; deja de hablar para emitir gruñidos, adopta posturas cuadrúpedas y puede volverse agresivo al ver al otro como una amenaza o presa, advierte Solano.
En estos casos, el diagnóstico suele estar vinculado a esquizofrenia paranoide o psicosis orgánicas, lo que requiere una intervención médica inmediata y hospitalización. La jaula no está afuera, está en la mente que olvidó que era humana. Aquí no bastan las terapias blandas; se requiere psiquiatría intensiva para restaurar la química cerebral, enfatiza el especialista.
El rol de la familia: Entre la imaginación y la alerta
Finalmente, el abordaje institucional de la alcaldía del municipio Guaicaipuro pone el foco en el núcleo familiar, especialmente en la distinción entre el juego infantil y la rigidez patológica. Carlos Solano es enfático al validar el juego simbólico en niños de tres a ocho años como una herramienta vital de aprendizaje: Cuando un niño gatea o usa orejitas, no está renunciando a su identidad; está explorando su creatividad.
El problema surge cuando hay una desconexión total de la realidad o una angustia profunda si se le pide dejar el personaje.
La gestión municipal reafirma que la clave es el equilibrio. A través de los COF, se invita a los padres a mantener una mirada atenta pero sin calificar de enferma la imaginación, asegurando que mientras haya flexibilidad y disfrute, hay salud.
El objetivo es acompañar a la juventud guaicaipureña para que, en lugar de buscar refugio en la animalidad por malestar, encuentren en su comunidad un espacio de aceptación y desarrollo humano pleno.
Por: Jesús Guerrero – Prensa Guaicaipuro








