Únete a nuestro canal de Telegram: ¡Haz clic aquí!
Abordar una forma de violencia intencional, repetitiva y desigual entre estudiantes, que es capaz de causar daño físico, psicológico o social no es una tendencia o un tema que deba tomarse a la ligera; porque trata el flagelo que refleja un abuso de «poder» destinado a someter, intimidar o excluir a una víctima.
En la actualidad, haciendo una comparativa con «aquellos tiempos de antes», nos encontramos con que eso que alguna fue un simple «chalequeo» ha trascendido la barrera de lo permisible, dado que ahora las agresiones físicas y acoso emocional están cada vez más presentes en las aulas de clases, acompañando el día a día de niños, niñas y adolescentes.
¿Lo más preocupante? Es inicialmente de forma silenciosa. Muchas actitudes se normalizan, o inclusive se dejan pasar para evitar procedimientos legales, que en la realidad lejos de complicar el panorama, ayudarían a evitar hechos muy lamentables.
Es por eso que desde la alcaldía de Guaicaipuro a través del Sistema Municipal de Protección Integral del Niño, Niña y Adolescente (Smproinna) traemos a colación las caras del Acoso Escolar; en primer lugar, testimonios reales (con nombres ficticios para proteger la identidad de los involucrados); así como la recomendación de especialistas para dar un alto definitivo a las conductas inapropiadas que hacen vida en todos los niveles de la educación, sin distingo de instituciones públicas o privadas.
Entendiendo el acoso desde sus protagonistas
Lucía, una estudiante de educación media diversificada en Los Teques, sufrió hace algunos meses el peor episodio de su corta vida: perdió varias piezas dentales, tras ser agredida por una compañera de clases que llevaba semanas hostigándola.
«Raiza y sus amigas se la pasaban buscándome problemas. Me daban cachetadas solo porque yo les caía mal. Varias veces les dije a mis profesores y a mi mamá que no quería volver al colegio porque me daba miedo. Una mañana, el combito de ella comenzó a perseguirme por las escaleras y me acorralaron, Raiza me tomó por el cabello y golpeó mi cara con mucha fuerza contra la pared, de pronto vi como volaron mis dientes. Me siento mal, no quiero estudiar, me siento deprimida, siento que soy fea, no quiero hacer nada»; relató Lucía visiblemente consternada.
Ella se vistió de valentía para extender un mensaje desde su experiencia. «Por favor, no normalicemos estas situaciones. Si estás pasando por esto, acude a un adulto porque puede ir a más; insiste hasta que te escuchen y actúen de forma adecuada en tu defensa».
Al respecto, María Lindarte, presidenta del Smproinna, aseveró que «La seguridad de nuestros hijos no culmina en la puerta de la casa, continúa en el aula y en las comunidades de las siete parroquias. La denuncia es la herramienta más poderosa para activar los protocolos de protección y garantizar un entorno libre de acoso».
En este sentido, es oportuno mencionar que Lucía recuperará su hermosa sonrisa; pero las marcas que quedan en su alma, mente y corazón reflejan la cicatriz de un episodio que jamás olvidará. Allí radica la importancia de atender los casos con verdadera responsabilidad, cuando niños y adolescentes manifiestan sus inquietudes.
Más allá del liceo
Un enfoque también alarmante y muy real, que viene saltando a la palestra dentro de algunas instituciones educativas del municipio, es el acoso escolar que se registra en las escuelas. ¡Sí! Los niños en etapa escolar primaria también lo sufren, pero se tiende erróneamente a dejar pasar porque como muchos dicen «son solo cosas de niños».
Lo que inicia como una burla, con risas que parecieran inocentes, trasciende a empujones, pisotones, tropiezos adrede y hasta amenazas que intimidan a gran escala al agredido.
«Nosotros como padres, representantes o responsables de crianza debemos estar alertas ante los cambios de conducta de nuestros hijos. Muchas veces hay signos donde el niño está muy callado, no quiere ir al colegio, siente temor y lo dejamos pasar, no lo tomamos en cuenta o lo normalizamos. Es importante que apenas nosotros veamos un signo de alerta les preguntemos qué está pasando e informar al docente que hemos observado que nuestro hijo presenta tales características», dijo Lindarte.
Acotó la importancia de que los maestros busquen talleres sobre el acoso escolar, indicando que en Guaicaipuro se asume el compromiso de transformar las instituciones educativas en territorios de paz, porque la violencia escolar afecta el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.
«Desde el sistema de protección dictamos los conversatorios, cuando hablamos de las características de alguien que sufre acoso escolar los niños, niñas y adolescentes se sienten identificados y manifiestan que están siendo víctimas de esos episodios. Eso es importante. Así como también lo es que muchas veces la maestra o la institución por no verse involucrados en un tema legal, normalizan estas conductas. Deben buscar ayuda, estamos en la calle Guaicaipuro de Los Teques, edificio Hijos de la Unión, para orientarlos, apoyarlos y actuar a tiempo, solo deben solicitarlo a través de un oficio y de inmediato coordinamos las acciones a seguir», puntualizó Lindarte.
El papel de la Lopnna
La Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente (Lopnna) garantiza en Venezuela el derecho a la integridad personal (Art. 32) y al buen trato (Art. 32-A), prohibiendo cualquier forma de violencia, maltrato o acoso escolar. Establece la obligación de la familia, escuela y Estado de proteger a los menores de edad, y sanciona la omisión de denuncia de estos hechos.
Puntos clave de la Lopnna sobre el acoso escolar:
Integridad Personal: El artículo 32 protege contra abusos físicos, psíquicos y morales, siendo la base legal contra el bullying.
Derecho al Buen Trato (Art. 32-A): Exige una educación y crianza libre de violencia física o psicológica.
Obligación de denunciar: El Art. 275 tipifica como delito la omisión de denuncia de casos de maltrato escolar.
Responsabilidad Escolar: Las instituciones educativas tienen el deber de garantizar un entorno libre de violencia y actuar ante el acoso.

Si conoces de algún caso o necesitas orientación, acude a las oficinas del Consejo de Protección. También puedes solicitar mayor información acerca del punto de atención más próximo a tu parroquia por el número telefónico 0424-2505586; o plantear tu denuncia a través del correo electrónico sistemadeproteccioncmdnna@gmail.com. Recuerda, la protección y seguridad de nuestros niños y niñas adolescentes es tarea de todos.
Por Maribel Sánchez.








