El laberinto de la neurodivergencia, entre el desafío cotidiano y la esperanza de una mano amiga

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Para las madres de niños con neurodivergencia, el mundo se mide en una escala distinta.

No se trata solo de una consulta médica; se trata de lidiar con mañanas donde el ruido del entorno puede ser abrumador, de explicar en la escuela por qué un niño parece estar en su propio universo, o de buscar incansablemente una respuesta que explique esa inteligencia chispeante que, a veces, se pierde en la distracción.

Es una lucha que se libra en silencio, en el hogar y en el alma, hasta que encuentran un espacio donde sus hijos dejan de ser un número para convertirse en prioridad.

Whendy Vera conoce bien esa travesía. Su hijo de cuatro años es su motor, pero también su mayor reto. Ella describe un camino de puertas cerradas en hospitales donde las citas para neuropediatría parecen inalcanzables. En su mirada se nota el peso de quien sabe que su pequeño tiene un potencial enorme, pero que necesita la guía correcta para no extraviarse.

«A veces se nos hace difícil costear los estudios», relata con la honestidad de quien ha sentido el alivio de ser escuchada. Para ella, ver a su hijo atendido sin que el costo sea una barrera es como recuperar el aire en medio de una carrera de fondo.

En esa misma sintonía de entrega absoluta está Eneida Herrera. Ella no habla solo como abuela, sino como la protectora de un niño de cinco años cuya historia comenzó con complicaciones desde el nacimiento. Eneida describe esa incertidumbre constante: el no saber exactamente qué pasa, pero sentir que su nieto necesita un puente para conectar con el mundo.

Al llegar a una de las casitas verdes conocidas como +Salud Guaicaipuro, ubicada en El Paso, Los Teques, esa angustia se transformó en gratitud. Para familias de bajos recursos, donde el presupuesto apenas alcanza para lo básico, encontrarse con un equipo que entiende la conducta, la psicología y la necesidad de un especialista, es un regalo que trasciende lo material.

Estos niños, a menudo catalogados como «distraídos» o «inquietos», poseen una sensibilidad y una inteligencia que solo necesitan el entorno adecuado para florecer. Algunos destacan en el deporte por su energía inagotable, otros en las artes por su visión única del color y la forma. Sin embargo, sin el diagnóstico temprano, ese talento corre el riesgo de ser incomprendido en el aula de clases o en la comunidad.

Es allí donde la gestión municipal, bajo la visión del alcalde Farith Fraija, ha decidido intervenir no como un ente frío, sino como un aliado de estas madres. La masiva asistencia a una primera jornada de atención neurodivergente, realizada en el municipio y que superó los 500 pacientes, es el reflejo de una necesidad social que ya no puede esperar.

El compromiso de extender estas jornadas durante todo mayo y la creación del Centro de Atención Integral Municipal (CEMAN) representan la promesa de que el camino ya no será un laberinto solitario. Para Whendy, Eneida y cientos de mujeres guaicaipureñas, el apoyo de la alcaldía es, finalmente, la certeza de que el futuro de sus hijos tiene un lugar seguro donde crecer.

Por Jesús Guerrero – Prensa Guaicaipuro

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