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Haga una pausa para pedirle a Dios que le muestre a las personas que necesitan aliento y esperanza.
Con mucha frecuencia, las personas se equivocan pensando que no tienen un propósito real en la vida. Pero eso no es lo que Dios ha planeado para sus hijos. Por eso, miremos a Cristo como ejemplo de cómo pensar y vivir. La Biblia muestra de manera clara que su venida no fue accidental ni su tiempo un desperdicio: Él vino a cumplir un propósito.
Muchas veces en los evangelios, el Señor se refirió a haber sido enviado por el Padre. Esa palabra implica enfoque e intención. Él no apareció por casualidad; fue enviado al mundo con un propósito claro.
¿Y cuál era ese propósito? Mateo 20.28 revela que el Señor vino, no para conquistar sino para servir. Su vida muestra una misión clara, y todo lo que hizo en los Evangelios —revelar al Padre, morir por el pecado, salvar a los perdidos y proveer vida abundante— era parte integral de su propósito.
No importa dónde estuviera, con quién estuviera o qué estuviera haciendo, el Señor siempre tenía en mente la razón de su venida. Además, así como Él fue enviado por el Padre, nosotros somos enviados por Cristo para llevar su mensaje de esperanza por todo el mundo. ¿Es evidente este propósito en su vida? Ore para recibir claridad y enfoque mientras sirve al Señor hoy.
Pastor Charles F. Stanley.








